> SIM CITY

 

En el documental sobre su versión de Dune, Alejandro Jodorowsky dice que la película que nunca pudo hacer se materializó finalmente en su trabajo en cómics como El Incal o La casta de los Metabarones. Supongo que muchas ideas, diseños e imágenes están ahí pero ¿es el cómic un recipiente tan cercano al cine como suele decirse? Muchas traducciones se han hecho, en una y otra dirección, de un soporte a otro y, sin embargo, el cómic sigue resultando anticinematográfico.

Hay una experiencia con el cómic: abres una página y todos los dibujos están ahí, la secuencia o la escena completa. Y, a pesar de todo el esfuerzo, hay algo que el cómic es siempre incapaz de alcanzar y que es inherente al cine. Una especie de secuencialidad radical: una imagen desaparece y es seguida por otra. Hay un montaje que corre bajo nuestros pies sin que podamos dejar de caminar al ritmo que la película impone, como una cinta de correr. En las páginas viñeteadas, ese ritmo autoritario no existe. Puede emularse y forzarse (con juegos en la maquetación, por ejemplo) pero, por su propia naturaleza de soporte libro, simplemente no llega a manifestarse “como debería”.

La página, en tanto elemento arquitectónico del cómic, es lo que más puede acercarse a la experiencia cinematográfica. O, mejor dicho, el pase de página, la página como vano a otra realidad-imagen nueva (un segundo antes, oculta).


La famosa secuencia de The Matrix donde Neo esquiva las balas mientras la cámara gira a su alrededor podría traducirse así: todo ese giro, que es un solo plano, serían varias viñetas de la misma página abierta de par en par y, la verdadera sorpresa (el plano de Trinity apuntando con su arma al agente agresor a unos centímetros de su cabeza) se presentaría en la siguiente página. Pero hemos tenido que hacer “un verdadero cambio de plano”. Y es que, en la película, el plano secuencia espectacular no vale nada en comparación con ese cambio de plano a Trinity. Es el vano de la arquitectura cinematográfica a través del que somos empujados (el cambio de plano que acabamos de adaptar a cambio de página) el que aporta el ritmo, la sopresa, la radical gramática cinematográfica. Lo otro son viñetas.


Se criticó mucho a Martin Scorsese cuando dijo que las películas de Marvel no eran cine. Lo dijo por unas razones muy concretas pero creo que este razonamiento también da validez a sus palabras. Y, paradójicamente, las película de Marvel se convierten en la mejor traducción-no traducción del cómic a “cine”. En el cine de Marvel todo es posible. Todo puede mostrarse sin recurrir a la básica herramienta del puro montaje. No hay que cambiar de plano, simplemente se mete algo más en ese plano. Una viñeta más o un personaje más en la misma viñeta.


De ahí la complusividad al cameo y al crossover (que nunca satisfacen y ante los que fingimos sorpresa). “Ya me la veía venir”, como cuando el ojo va directo a la viñeta inferior derecha, o a una aleatoria, en vez de obligarse a empezar por la “correcta”. Todo bocadillo u onomatopeya no hace más que emborracharnos en una suerte de horror vacui que intenta un ritmo que nunca consigue.


El cine es mucho más cercano a la literatura que al cómic. La gramática de la palabra escrita es mucho más cercana a la de una película que una serie de imágenes “secuenciales” en papel. Y los ojos no traicionan, están obligados a leer en orden. Los ojos del lector de novelas están mucho más amaestrados que los del “lector” de cómic y han cultivado la paciencia.

El nanoejemplo de todo esto es el gran parecido del haiku y el Vine (la plataforma de vídeos cortos): una presentación de una “situación” y una repentina sorpresa final (un cambio de verso y un cambio de plano en el vídeo que servía de punch line del chiste visual). ¡Qué grandes cineastas nos reveló esa plataforma!

El meme también está en el centro de todo esto. Me refiero a la unidad básica de meme: una presentación con una oración (u imagen-oración) y un segundo “plano” inmediato de la misma naturaleza que, o bien cierra la secuencia ahí, en sí mismo, o nos remite a una tercera imagen mental que completa dicha secuencia (un recuerdo de la infancia o de una situación típica de nuestro día a día). Pero ¡qué pereza los memes más extensos, llenos de texto pero, sobre todo, de imágenes que ya vemos en la misma imagen! De nuevo, un cómic. La misma sensación de las películas que utilizan, como recurso narrativo, la pantalla partida. ¡¿Puede ser menos emocionante esa típica conversación telefónica?!

Y es que, ante la falta de ritmo, es la música la que sale al rescate de todas esas “películas que no son cine”. La secuencialidad de la música trata de llenar los huecos de la falta de secuencialidad fílmica, de montaje. ¿Necesita música un cambio de plano de John Cassavetes? ¿La necesitan Thor o Superman? Ver muchas películas hoy se parece más a jugar a videojuegos del tipo Sim City que a ver películas. Todo está en la misma viñeta, necesitamos una gran banda sonra (y un botón de avance en x5) para no aburrirnos mientras los sims hacen su vida. Al final todo es una cuestión de arquitectura.